Rocío Vila

El crimen perfecto del Comemuñecas

La noche antes del gran día. El Comisario sigue observando los seis diminutos vestidos colgados de su pared, sorbiendo whisky e insultando al Joven Ayudante. No sabe que su Esposa le engaña, pero sí que el Comemuñecas se come además su propio rastro. Entonces ve entre los papeles un nombre familiar. Se ponen en camino, seguidos con sigilo por el Periodista y su cigarrillo. Mientras, el Magnate es el más listo de todos, pero nunca fue el más frío. Con su fábrica proporciona muñecas a todo el país y reputación a todo el pueblo. Pero de las siete preciadas rarezas que pensaba vender mañana en su histórica subasta, el Comemuñecas sólo le ha dejado la que ahora esconde, en el corazón de su fábrica. Y en la abandonada carretera de tierra, el suelo se abre y de él salen cinco Gángsters ajustándose sombreros y corbatas. Huyen de la cárcel, y esta vez el plan es infalible: han averiguado dónde está la séptima muñeca, y si ellos llegan antes, ¿qué no les daría, con tal de hacer honor a su nombre, el Comemuñecas?
El Comisario charla con el nombre clave, el Enemigo. Amigo de todo aquél con autoridad y dudas, los papeles le vinculan, en alguna guerra de otro país en el siglo anterior, al Comemuñecas. Ya se acuerda: un niño bueno al que le pasó algo horrible y su única alegría ahora es causar el mal. La explosión que suena desde la fábrica lo cambia todo. El Comisario corre al lugar del crimen arma en mano, el Joven Ayudante va a la comisaría a por refuerzos, el Enemigo manda a sus tres Esbirros a la casa abandonada en lo alto del valle y el Periodista echa a andar tras ellos.
La Mujer del Enemigo está contándole aventuras de otros tiempos a su humeante pipa cuando oye metralletas en el valle, ve al Joven Ayudante correr en esa dirección, solo con su sombra y su pistola. Cuando los refuerzos y el Comisario llegan al corazón de la fábrica, los cinco Gángsters ya han volado la puerta. Vuelan las balas de quince y cinco pistolas, resonando al rebotar contra la maquinaria metálica, pero no al entrar en los sombreros de los dos Gángsters más jóvenes. Sólo entonces sale el Comisario de detrás del coche, el arma fría en su mano, contento de tener su cabeza de turco; no tanto de no ver la séptima muñeca. Y todo acaba a la vez. El tiroteado Periodista ve al Joven Ayudante subir el valle, pero su último aliento no le da para captar su atención. El Comisario va a casa del Magnate y bajo las sábanas lo encuentra; sobre ellas, su infiel Esposa. Las huellas guían al Joven Ayudante a una casa abandonada en lo alto del valle y allí encuentra siete preciadas muñecas. Mientras él y los tres Esbirros cruzan la frontera, los cinco Gángsters le ponen cara al crimen del Comemuñecas. Y al Enemigo sólo le avisa de su derrota el triunfal silbido del tren que se lleva a su prisionera Mujer y al bandido Comemuñecas, feliz de haber conseguido, sólo con un chivatazo, su crimen perfecto.


Tom C. Avendano

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