Maribel Ramos

Receta magistral

Ronca. Yo nunca se lo digo porque no quiero que pase vergüenza pero, sobretodo, no quiero que peleemos. Que ya peleamos mucho por otras cosas. La miro dormir y es hermosa. Aunque ronque. Da muchas vueltas en la cama al principio hasta que se acomoda. Primero se pone de lado, mirando hacia la puerta y coge mi brazo para que rodee su cintura. Así se queda un momento. Luego da otra vuelta y se queda boca abajo con la cabeza hacia mí y nos respiramos. Pero eso nunca dura mucho. Después coloca la pierna sobre la articulación de mi rodilla. Gira de nuevo y me pide que le dé la espalda para abrazarme ella. Yo creo que, tras unos minutos en dicha posición, siente como un muro de frente. Y cambiamos otra vez. Ahora vuelve a su puesto inicial sólo que, en vez del brazo, me coge la mano y la instala en su seno derecho. En ese punto, yo siempre me duermo un rato y ella ronronea. Unos minutos más tarde, el baile continúa bajo las sábanas y es cuando comienza a adoptar su postura en diagonal, robándole el espacio a mis piernas, que acaban superponiéndose y pegándose a la pared para dejarle sitio. Al final, su cabeza termina descansando plácidamente sobre la almohada, girada hacia la derecha. Su cuerpo la sigue hasta las caderas, donde las piernas se desvían para acabar en la punta del lado izquierdo del catre. Dicen que su madre también lo hacía y que su padre no pudo soportarlo más y acabó durmiendo en otra cama, en otra de las habitaciones de la casa, cuando sus hijos ya vivían fuera.
Debe ser hereditario. Como la belleza. Ahora se mueve un poco sobre sí misma pero descansa haciendo esos ruditos con su respiración. Sonríe. Yo la miro tan de cerca que me apetece besarla sin sacarla del sueño. No ahora que lo ha alcanzado. De pronto, arrastra el brazo hasta mí y acaricia por encima del calzoncillo. Susurra: -J'ai faim, chéri- entre gemidos y coqueteo sonámbulo. Me incorporo. La observo. Pero está dormida. Está soñando y sigue. Yo la dejo, que los sueños de uno pertenecen a lo más íntimo de cada cual y en ellos se permiten ciertas licencias.
Además, cuando despierte por la mañana seré yo quien la alimente. O, al menos, seré yo -seguro- quien le prepare su pequeño desayuno.

Olalla Hernández Ranz

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡¡Qué alegría da el ver cómo las cosas van marchando!!
Una pregunta: el relato titulado "receta magistral" no está casado con la ilustración del mismo nombre, sino con la llamada "Inversión:cadena alimenticia"...¿es un error?
ánimo y saludos a todos desde Córdoba.Maribel.

Anónimo dijo...

Gracias también a tí Olalla por el relato.
Un saludo, Maribel.