Txemacantropus
Pablo y Laura a la sal con guarnición de anémonas
Y tras el zarpazo de espuma, el silencio. El terror extasiado, el grito imposible. Atrapar la mano de Laura, al menos. Traspasar el umbral así, unidos. Ya siempre.
Dos cuerpos se precipitan desde la altura descomunal de la vida hacia el fondo del océano. Planean en una muda danza abisal, entre corales y algas. ¿Alguien volvió a ver aquellos dos muñecos de trapo que la niña arrojó al estanque? Hay todavía un brillo humano en sus miradas, tristes, enamoradas. Se apaga. La noche. Les aguarda su lecho de amor. Ya nunca.
Festín de los peces. Los espectros que habitan el abismo esperan pacientes un momento como este. No ocurre todos los días, ni mucho menos. Después de tanto tiempo volverán a saborear los alimentos que les arroja el cielo. Pequeños seres transparentes hurgan en las cuencas vacías de sus ojos, otros arrancan sus labios, sus dedos, y huyen con ellos entre las fauces, amparados por una corriente gélida. Los más poderosos degluten con delectación los corazones de Pablo y Laura.
Conozco un restaurante cerca del puerto en el que sirven platos muy raros y exquisitos. No los preparan todos los días, ni mucho menos. A veces los pescadores extraen de sus redes peces de aspecto terrorífico, de los que no encontrarás en ningún mercado. Con un poco de suerte, uno de estos días podrás sentirte dichoso de degustar un manjar que tu paladar no olvidará jamás. No se puede comparar con nada que hayas comido antes. Hay algo en ellos, ¿cómo te diría yo?
Dos cuerpos se precipitan desde la altura descomunal de la vida hacia el fondo del océano. Planean en una muda danza abisal, entre corales y algas. ¿Alguien volvió a ver aquellos dos muñecos de trapo que la niña arrojó al estanque? Hay todavía un brillo humano en sus miradas, tristes, enamoradas. Se apaga. La noche. Les aguarda su lecho de amor. Ya nunca.
Festín de los peces. Los espectros que habitan el abismo esperan pacientes un momento como este. No ocurre todos los días, ni mucho menos. Después de tanto tiempo volverán a saborear los alimentos que les arroja el cielo. Pequeños seres transparentes hurgan en las cuencas vacías de sus ojos, otros arrancan sus labios, sus dedos, y huyen con ellos entre las fauces, amparados por una corriente gélida. Los más poderosos degluten con delectación los corazones de Pablo y Laura.
Conozco un restaurante cerca del puerto en el que sirven platos muy raros y exquisitos. No los preparan todos los días, ni mucho menos. A veces los pescadores extraen de sus redes peces de aspecto terrorífico, de los que no encontrarás en ningún mercado. Con un poco de suerte, uno de estos días podrás sentirte dichoso de degustar un manjar que tu paladar no olvidará jamás. No se puede comparar con nada que hayas comido antes. Hay algo en ellos, ¿cómo te diría yo?
Enrique Garcés Blancart

7 comentarios:
Me parece correcto y una buena idea de enseñarlo antes de la publicación y por el trabajo que ha llevado.
Por la distancia no podré estar en la reunión pero contar con mis lápices.
un saludo
Otra cosa;
Mi apodo es "Txemacantropus" todo junto porfa!!
gracias
ok, corregido! Gracias.
En el correo de Davidana rodriguez mano, os dejo la dir. del dibujo en tiff, para bajarlo.
Gracias por la corrección.
Hola, un saludo a todos y enhorabuena por la idea.
Supongo que Ben no tomó su medicación el día en el que le envié el cuento corregido y os mandó una versión anterior. Como todos seremos muy compresivos con el excelso poeta y su grave enfermedad mental, yo os transcribo aquí el texto final, o más o menos final, y no pasa nada:
"Pablo y Laura a la sal con guarnición de anémonas
Y tras el zarpazo de espuma, el silencio. El terror extasiado, el grito imposible. Atrapar la mano de Laura, al menos. Traspasar el umbral así, unidos. Ya siempre.
Dos cuerpos se precipitan desde la altura descomunal de la vida hacia el fondo del océano. Planean en una muda danza abisal, entre corales y algas. ¿Alguien volvió a ver aquellos dos muñecos de trapo que la niña arrojó al estanque? Hay todavía un brillo humano en sus miradas, tristes, enamoradas. Se apaga. La noche. Les aguarda su lecho de amor. Ya nunca.
Festín de los peces. Los espectros que habitan el abismo esperan pacientes un momento como este. No ocurre todos los días, ni mucho menos. Después de tanto tiempo volverán a saborear los alimentos que les arroja el cielo. Pequeños seres transparentes hurgan en las cuencas vacías de sus ojos, otros arrancan sus labios, sus dedos, y huyen con ellos entre las fauces, amparados por una corriente gélida. Los más poderosos degluten con delectación los corazones de Pablo y Laura.
Conozco un restaurante cerca del puerto en el que sirven platos muy raros y exquisitos. No los preparan todos los días, ni mucho menos. A veces los pescadores extraen de sus redes peces de aspecto terrorífico, de los que no encontrarás en ningún mercado. Con un poco de suerte, uno de estos días podrás sentirte dichoso de degustar un manjar que tu paladar no olvidará jamás. No se puede comparar con nada que hayas comido antes. Hay algo en ellos, ¿cómo te diría yo?"
Gracias y saludos y besos.
Garcés!! No, debí tomar la pastillita verde en vez de la azul. Ya no hay vuelta atrás. En breve corrijo tu texto.
Gracias, poeta abatido en una esquina del ring.
La proxima vez recuerda que, además de tus desajustes neuronales, padeces daltonismo. Deja que sea tu enfermera Berta, con sus largas uñas pintadas de rosa, la que se encargue de todo. Para eso le pagamos un buen sueldo entre todos los que te queremos. Besos.
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